lunes, 19 de marzo de 2012




13 DE NOVIEMBRE DE 2011


¿QUIÉN LE SACA EL COLLAR AL TIGRE? KOAN

Un monje zen acude donde el Maestro quién le da este koan para resolver. Después de mucho meditar acude donde el Maestro con diferentes respuestas, las cuales siempre son rechazadas al más puro estilo zen: algún golpe sin mayor trámite ni explicación. Me imagino ingeniosas formas propuestas por el monje para que alguien pudiera sacarle el collar al tigre.
En la desesperación por no poder resolver el koan el monje, que trabajaba y vivía cerca de la cocina del templo, lugar común para comenzar una instrucción en un monasterio zen, decide encerrarse en su cuarto y no salir hasta ser iluminado con la respuesta.
Se declara un incendio en la cocina del monasterio, cosa bastante común ya que se cocinaba con leña, ante lo cual se da la voz de alarma y todos los monjes tratan de apagar el incendio. Alguien recuerda al monje encerrado en su cuarto y van a buscarlo pidiéndole que se ponga a salvo, pero este responde que no saldrá hasta encontrar la respuesta al koan. Ante el riesgo de muerte del monje acude a convencerlo de que escape de las llamas otro monje, al parecer con un nivel mayor de iluminación quien lo insta a salir. El monje insiste en que no puede hacerlo hasta tener la respuesta. El de afuera le pregunta cuál es el koan. ¿Quién le saca el collar al tigre? responde el de adentro ante lo cual el iluminado lo increpa: ¡el que se lo puso por supuesto, imbecil! ¡Ahora sal y ponte a salvo!
Me gusta mucho este relato porque apunta a algo que es de gran importancia en la senda del satori: vencer las propias limitaciones. Estas en muchas ocasiones son impuestas por uno mismo y debe ser uno mismo quien las elimine. Por ejemplo: soy descordinado, eso no lo puedo hacer... En muchas ocasiones las limitaciones más grandes que debe uno vencer son las creencias que uno mismo se ha puesto, por tanto el único indicado para quitarlas es obviamente uno mismo.
Al tratar de hacer algunas técnicas particularmente difíciles, como por ejemplo derribar a un adversario de mayor peso y fuerza, nos encontramos con nuestras limitaciones autoimpuestas: no tengo la suficiente fuerza, no puedo. El profesor trata de convencer a los alumnos que si pueden si aplican la técnica en forma correcta y da argumentos y ejemplos pero no puede convencerlos, debe ser cada uno quien se convenza. No puedo hacer la rueda, no puedo saltar esa altura, no puedo hacer esa caída... Muchas de las limitaciones han sido involuntariamente aceptadas por nosotros mismos. Es innegable que tenemos más talento para algunas cosas y menos para otras, pero es igualmente cierto que tenemos más capacidades y potencialidades de las que suponemos. Sacarle el collar al tigre es quitarse las ideas preconcebidas que tenemos acerca de lo que podemos y no podemos lograr.
Me acuerdo de Klausito (Jaschan Little), gran talento para karate, pero cuando era chico entrenaba un poquito y se salía diciendo que no había nacido para ser karateka. De repente parece haberse olvidado de esa idea y se transforma en un karateka de condiciones sobresalientes. Casos como ese hay muchos y nombrarlos sería largo.
Si alguien puede sacarle el collar al tigre es sin duda quien pudo ponerselo. Los invito a intentar sacarnos el collar que sin querer hemos portado por años y a tratar de pensar de una manera renovada acerca de lo que podemos lograr si nos permitimos intentarlo.
                                                                                  Sabiduria zen
HORUS
             

25 DE OCTUBRE DE 2011


LA SABIDURIA DE LOS KOAN ZEN

¿Qué es un Koan Zen?. Un koan es un problema que el maestro plantea a sus alumnos para comprobar sus progresos, los koan son problemas, ilógicos las preguntas son absurdas y banales, para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia para adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro.
Para resolver un koan necesitas pensar, pero de una manera distinta, no tiene una resolición lógica, esto no significa que no tenga solución, tienes que utilizar mucho la atención, la intuición, la iluminación repentina, los sentimientos incluso.
Si has leído alguna vez algo sobre los Koan Zen habrás comprendido que el método más sencillo para comprender y captar la realidad es estar atento, fomentar la atención.
No es lo mismo mirar que ver. Podemos mirar todas las cosas que tenemos delante pero eso no significa que las veamos todas. Quien quiere ver la realidad de las cosas eso es lo que ve. Quien quiere ver lo que desea eso es lo que ve pero no la realidad.
Para poder ver la realidad hay que estar atento y querer verla. Si estas lo suficientemente atento la dualidad se desvela por si misma y entonces puedes trascenderla, comprender su esencia y por lo tanto, comprender la realidad.
Un iluminado, en el sentido positivo de la palabra, es aquel que, gracias a su luz, ve la realidad. No ve sombras, no ve reflejos, no ve fantasmas, no ve deseos.Ve la realidad tal y como es, sin proyectar su mente, sus miedos o sus deseos ; porque todas estas cosas, emociones y pensamientos continuamente tiñen la realidad y la disfrazan.
El proceso de ver la realidad exige desarrollar la auto conciencia. Hay que ser consciente de todo, de lo que dices, de lo que haces, de lo que dicen, de lo que hacen. Hay que querer ver la realidad de las cosas. Desarrollar la atención no es sólo tener los ojos muy abiertos. No es sólo mirar muy atentamente para no perderse ningún detalle,puede que queriendo ver todos los detalles no veas la esencia, puede que queriendo ver la esencia no veas los detalles.
Para poder verlo todo tienes que ver lo que se ve y también lo que no se ve; es decir lo que está oculto, lo que hay tras las apariencias. Para poder verlo todo tenéis que tener siempre los ojos bien abiertos eso está claro, pero hay que aprender a mirar de dos formas, enfocando nuestra atención en los detalles y desenfocando para ver la luz que forja los detalles, entonces es cuando se ve la realidad al completo.
Os dejo con cuatro koan que más me gustan.
1º LA MENTE SE ESTÁ MOVIENDO
Dos monjes estaban discutiendo acerca de una bandera. Uno dijo: La bandera se está moviendo. El otro dijo: El viento se está moviendo. Sucedió que el sexto patriarca, Zenón, pasaba justamente por ahí. El les dijo: Ni el viento, ni la bandera; la mente se está moviendo.
2º¿CUÁNDO UNA ESPADA NO TE CORTA? Respuesta:"Cuándo eres tú la espada"
3º BASHÓ dijo a los monjes reunidos: Si tienen un bastón, les daré uno. Si no tienen un bastón, se los quitaré.
4º "Cuándo pienso en mi mismo ¿ En que pienso?"

Muchas gracias por vuestro tiempo

HORUS
             

8 DE OCTUBRE DE 2011

EL VALOR DE LAS COSAS: Sabiduria Zen

“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien- asintió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

                       Sabiduria Zen
HORUS